Editorial: Dos años de vida y alegrías
Política&Economía: El barrio como locación
Sociedad: Celebrar la crítica
Cultura: Suspenso en el monoblock
Metejones: El corso
Entrevista a Fernando Spiner: "Si el exhibidor me lee, me hace la cruz"
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Revista Chamuyo Nº25 Febrero 2012
Año 3 | Chamuyo Nº25 | Febrero 2012 Editorial: Dos años de vida y alegrías Chamuyo celebra este mes su segundo aniversario. Desde febrero de 2010, se constituyó a base de trabajo, y con gran orgullo, en un actor que interviene en las discusiones sobre políticas culturales en Argentina y en un medio que cubre la escena artística porteña. En esta oportunidad, además de celebrar su crecimiento, renueva sus pilchas y, a paso firme, camina por nuevos ámbitos con nueva tapa de revista y marca el punto de partida de la renovación del portal. En tanto que la revista se mete de lleno en las locaciones porteñas y del conurbano más buscadas para filmar, en las dificultades más profundas de la industria cinematográfica -de la mano de Fernando Spiner-, y en un nuevo carnaval. Chamuyo festeja, se lo merece. Pero también guarda unas líneas para recordar y homenajear a dos hombres trascendentales recientemente fallecidos: el dramaturgo y director Juan Carlos Gené, quien murió en enero y a quien entrevistó en octubre pasado ("Fue una época muy violenta"), y al enorme Flaco Spinetta, quien partió el 8 de este mes. Así deambula, entre bienvenidas y despedidas. Pero con la convicción de que la única manera de no estancarse es caminar hacia adelante, con la cabeza en alto y la dignidad a resguardo. Aprendiendo de maestros y haciendo el propio camino. ¡Salúd! En 2011 se otorgaron 1133 permisos para locaciones exteriores porteñas y 593 para bonaerenses. La industria audiovisual apostada en la vereda.
Entre la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, el año pasado se otorgaron más de 1700 permisos para utilizar el espacio público como escenario para la realización de producciones audiovisuales de productoras locales e internacionales. Microcentro y San Telmo, en la ciudad, y Avellaneda y el parque Pereyra Iraola, en la provincia, son las locaciones más solicitadas para la realización de producciones audiovisuales. Se trata de lugares que poseen la capacidad única de representar muchos escenarios posibles y, al mismo tiempo, tener características identitarias inigualables. AMBA es el gran escenario. El Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), conformado por la Ciudad de Buenos Aires y las 24 localidades del conurbano bonaerense, es el ámbito predilecto para la realización audiovisual. En lo que a la ciudad respecta, los permisos más solicitados giran en torno a microcentro, San Nicolás, San Telmo y Retiro, por contar con "calles, fachadas, esquinas etc., que pueden representar distintas partes y países del mundo, además de distintas épocas", señala Marisa Bischer, coordinadora general de Industrias Creativas del Ministerio de Desarrollo Económico porteño. A ellas se suman Vicente López, La Plata y Avellaneda, entre las localidades bonaerenses más solicitadas. "Sin dudas, por la cercanía que tienen con la Ciudad de Buenos Aires (donde están radicadas gran parte de las productoras audiovisuales del país), y en el caso de La Plata, por su arquitectura clásica y ecléctica", puntualiza por su parte Nicolás Wainzselbaum, director de Industrias Creativas de la provincia de Buenos Aires, y resalta "el uso permanente que se le da al parque Pereyra Iraola y al Teatro Argentino" como locación. ¿Cuánto se filma? Durante 2011, la provincia otorgó 1133 permisos y la ciudad 593. De los otorgados por BA Film, el área de la Comisión de Filmaciones bonaerense, se repartieron de la siguiente manera: 431 producciones televisivas, 344 largometrajes y 244 publicitarias. Más del 80% del total se rodó en el conurbano. Por su parte, de los 593 permisos de Baset, el sistema de gestión de permisos de filmación de la Ciudad, 374 fueron producciones publicitarias (de las cuales 170 corresponden a internacionales), 55 televisivas, 36 largometrajes (30 nacionales, dos internacionales, cuatro coproducciones), 95 proyectos académicos y 12 cortometrajes. Impacto económico. La realización de una producción audiovisual genera diferentes impactos económicos, no sólo por el negocio que en sí representa la iniciativa sino por el impulso que da a otros segmentos. El circuito económico que se entabla entorno a una realización va desde la contratación de servicios específicos del rubro (personal técnico, extras, etc.) hasta los de gastronomía, hospedaje, transporte, e inclusive turístico. En ese sentido, Wainzselbaum, de BaFilm, subraya la política provincial dedicada a "posicionar la provincia como plaza para filmar, no solamente por el impacto cultural que provoca, sino por el fuerte impacto que tiene en las economías locales", al tiempo que busca instalar a la provincia en el rubro y de cara al turismo: " La Provincia de Buenos Aires es un fiel reflejo del país por su gente, que proviene de distintas partes de la Argentina, su extensión y su diversidad de paisajes (sierra, mar, desiertos, salinas, llanura y delta)". Política pública. En tren de incentivar los emprendimientos al sector, desde marzo de 2011 la provincia otorga la exención a ingresos brutos a aquellas empresas cuya facturación anual no supere los 60 millones de pesos. Así, la administración provincial dotó a los municipios de comisiones de filmación municipales, "para que los municipios tengan el contacto directo con las productoras y los vecinos". Se trata de ocho oficinas ubicadas en diferentes puntos de la provincia, como Mar del Plata, La Plata, Vicente López y Bahia Blanca, entre otros. En tanto que en la ciudad se sancionó en 2011 la Ley de Promoción de la Industria Audiovisual que, entre otras medidas, declara industria al sector, crea un distrito audiovisual (en el área comprendida por La Paternal, Chacarita, Villa Ortuzar, Palermo y Colegiales, otorga beneficios impositivos a las empresas del sector mediante diferentes tipos de excenciones de Ingresos Brutos, y declara al distrito "zona libre de impuestos locales" (IIBB, ABL e Impuesto al Sello). Del mismo modo, promete implementar "líneas de crédito tendientes a promover la actividad audiovisual y la radicación de empresas audiovisuales y salas de exhibición cinematográfica en el Distrito Audiovisual". A su vez, la administración porteña publicó en noviembre último "El manual de buenas prácticas", una guía sobre normas y recomendaciones para las filmaciones que se realizan en el espacio público de cara a propiciar una buena convivencia entre productoras y vecinos. Una relación que habrá que pulir si se tiene en cuenta la familiaridad con la que convivirán de manera creciente. Con febrero, llega el carnaval y la temporada de fiesta callejera que, por segundo año consecutivo, dispone de su recuperado feriado de lunes y martes. Para grandes y chicos, hay espuma, corso y fantasía para todos. A partir de las 7 de la tarde, los sábados y domingos de febrero, sumados al lunes y martes de carnaval (que este año caen el 20 y 21 de febrero) llega la fiesta que clama alegría y libertad. Este año, las 119 murgas porteñas y 35 corsos que integran el cronograma oficial de la ciudad dotarán de fiesta a los barrios, a los que se sumarán aquellos que se organizan por fuera de esquema gubernamental local y en el conurbano bonaerense. La persecución a los murgueros, la prohibición del carnaval, la falta de un feriado nacional, la necesidad de contar con políticas públicas y un presupuesto que propicie la realización de una fiesta popular que, además, se lleva adelante por organizaciones de base, forma parte de la historia de una larga militancia de los murgueros. ("Una política del carnaval") La capacidad murguera de transformar las críticas en canciones y los grilletes que esclavizaban en un paso de danza, consiguió, además, transformar la tradicional marcha del reclamo del feriado en la de la alegría (producida tras la recuperación del feriado en octubre de 2010, "El carnaval vuelve a la agenda política") y la promoción del de 2011. Los murgueros transformaron las prohibiciones en libertades con la convicción de tener derecho a la fiesta, a disfrutar del espacio público con alegría y sobre la base de la creación colectiva comandada por Momo. ("Fiesta pagana y comandada por un dios picaresco") Un nuevo febrero se dispone a ofrecer una fiesta popular concurrida, esperada y bien nutrida por centro murgas, agrupaciones murgueras y carnavaleras que trabajaron todo el año en sus presentaciones. Los corsos porteños. El carnaval que se inicia cuenta con 35 corsos que, en diferente medida, ofrecerán fiesta al barrio. Algunos abren todos los fines de semana. Otros, sólo algunos días. Y, en líneas generales, cada uno ofrece una programación de seis presentaciones por noche.
“Que lo pague la noche” es la primera película de Néstor Mazzini. Un thriller filmado en Lugano I y II que habla de traiciones y desesperación.
Esteche se derrumba sobre la torta de su casamiento como lo hacía la Argentina, en enero de 2002. En Lugano I y II se celebraba en ese momento un enlace que no terminará de la mejor manera, y en la que se entrecruza la traición, la desesperación y las preguntas. “Que lo pague la noche” es la opera prima de Néstor Mazzini, y un thriller filmado entre el barrio ubicado al sur de la Ciudad de Buenos Aires y Tigre, que retrata la presunta muerte del recién casado, y la complicidad de su esposa y dos amigos. “Siempre tuve la idea de que la película sucedía en un barrio de monobloks. Buscando locaciones llegué a Lugano por un amigo, y conocí a Pablo Maturana, que vive en el barrio, es músico, y me conectó con la gente. Visualmente Lugano es muy potente”, sentencia Mazzini. La película fue un proyecto independiente filmado en aquellos años turbulentos, que en 2005 ganó un concurso del Incaa para películas terminadas, cuyo premio fue ampliarla a 35 milímetros y estrenarla comercialmente. Esteche festeja su enlace en el Parque de la Victoria junto a familiares y amigos. De imprevisto, se desmaya sobra la torta y su flamante esposa y dos amigos lo conducen hacia un hospital, aunque cambiarán el recorrido y llegarán a Tigre. En aquella localidad del norte bonaerense termina de vislumbrarse una traición, mientras que en Lugano I y II la furia vecinal ante las ordenes de desalojos no se detienen. En tanto que a Esteche se lo vincula cada vez con mayor fuerza a esos dictámenes judiciales. El film cuenta con la participación de varios habitantes del barrio, lo que significó una “experiencia muy buena”, afirma el director: “Creo que la presencia del barrio y de la gente del barrio, enriquece y le da peso y verdad a la película”. “Me interesa el cruce entre ficción y documental, basándome en la idea de que son dos mundos que se potencian y complementan, y surgió naturalmente de mi parte y de ellos las ganas de que estuvieran en la película. Así que dejamos que suceda.” “Que lo pague la noche” fue filmada con una cámara mini DV y “muy rápido”, confiesa. “Esto genera una intensidad y una espontaneidad que, en mi opinión, luego se refleja en las actuaciones.” Se trata de un film con silencios que potencian el suspenso, y diálogos que no lo disminuye. Donde la desesperación y la ambición se filtran por la pantalla, hasta hacerla estallar, registrados en un barrio con latido propio. (Clickeá sobre el título, ingresá a la nota y mirá el trailer) Como todos los febreros, los tablones vuelven a levantarse en avenidas céntricas y calles periféricas. A pesar de las maldiciones de las señoras “decentes” y para suerte de la “barra”. Cae la tarde y la señora “bien” se impacienta. Asomada a la vereda relojea el tiempo del barrio, la vuelta del trabajo de la vecina de la izquierda, la nueva novia del muchacho de la vereda de enfrente, los disparates de los mocosos mal criados de la esquina. Un ardor en el estómago vuelve a retorcerla. Sabe que está cerca el "despropósito": acaba de ver pasar a los organizadores del corso de la otra cuadra, listos para vallar el espacio por donde transitará la murga, probar luces y encender el fuego para los choripanes. Otra vez más, una vez más, ese maldito corso vuelve a tomar vida, como el año pasado, como la semana anterior, como ayer. Ese lugar de muchachas “livianas” y "delincuentes"... donde el desenfreno corre como el alcohol y las drogas. Pobre señora. Por suerte su hijo salió bien. En poco más comenzará a prepararse para pasar a buscar a su prometida e ir al shopping. Lejos de los murgueros que, so pretexto de mantener en alto rasgos identitarios populares, sólo se juntan para vagabundear. La señora (seguro que usted, estimado lector, tiene una vecina igual a esta) no piensa el corso como un lugar de encuentro barrial y político, fraternal y divertido. No le significa un espacio de emancipación, sino que la asusta su posible atentado al decoro y buenas costumbres. En un paredón de Parque Patricios, cerca de donde Pasión Quemera ensaya y organiza su propio corso, una leyenda pinta a la perfección a estos personajes: “Si las chusmas fueran flores, este barrio sería un jardín”, lindo y real. Pero los corsos, que se multiplicarán por toda la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense durante este mes, también son el anhelo de la pibada que no conoce vacaciones, de los padres que tienen una opción cercana y gratuita, y de los muchachos... para volver a ver muchachas. Es un lugar para pasar y estar, para conocerse y afianzar relaciones, para proyectar o sólo divertirse, un concepto tomado con liviandad y, sin embargo, tan serio y necesario que merece una nota, como los corsos. Fernando Spiner, director de “Aballay, el hombre sin miedo”, es uno de los cineastas más reconocidos de la actualidad. En esta oportunidad, habla de la problemática de la industria local, los cupos de pantalla y el colonialismo cultural. Llegó al cine por obra del “destino”. Durante los últimos 20 años lo persiguió un libro escrito durante la última dictadura militar que reflexiona sobre la violencia desde la perspectiva del violento, al que llevó al cine y cuya película resultó elegida para competir en los Oscar. Su mirada sobre la industria argentina, sus potencialidades y limitaciones, merece esta entrevista. Fernando Spiner es el cineasta del momento. Su último trabajo, “Aballay, el hombre sin miedo” fue el film argentino elegido por la Academia del Cine para representar a la producción nacional en los premios Oscar que se llevarán a cabo este mes, aunque finalmente no ocupará un lugar en la terna de películas extranjeras. Sin embargo, este hombre nacido en 1958 en Villa Gesell mantiene el alto el orgullo y la satisfacción de haber llevado a la pantalla grande el cuento de Antonio di Benedetto, “uno de nuestros más grandes autores, prácticamente desconocido a nivel popular e idolatrado en los medios literarios”. Una obra que le quitó el sueño durante las dos últimas décadas. “Es un cuento sobre la violencia que Di Benedetto escribió estando preso. Es sorprendente como, atravesado por la violencia del terrorismo de Estado, escribe un cuento en el que se coloca en el lugar del violento y reflexiona acerca de cuanto el violento padece y sufre su propia violencia. Increíble. Hace 20 años que estoy con esto.” Egresado del Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, en donde se anotó en su curso de ingreso durante un viaje que realizó por Europa a los 19 años, y tras desembocar en la estación de subte romano Cinecitta, en medio de un paseo por la ex capital imperial, Spiner es el responsable de grandes producciones, que lo llevaron a tomarle el puso a la industria local. Chamuyo: ¿Cuáles son las problemáticas del cine argentino? Spiner: Hacer una película es una empresa bastante compleja. Yo me considero un privilegiado. En Argentina tenemos la suerte de tener el Incaa, que es un ente con una base profundamente democrática, cuyas bases y concursos son custodiados por gente del medio, y que se autofinancia a través de impuestos al propio cine. La gran problemática del cine argentino tiene que ver con la exhibición y la distribución, porque no nos olvidemos que el cine argentino, que fue una gran industria en los años 50, que exportaba cine a toda Latinoamérica, fue destruída por la dictadura, dándole lugar a la industria norteamericana. Hoy, el cine norteamericano copa el mundo. Es donde se puede ver el imperialismo más claramente. Es una de las industrias que más dinero le genera a los Estados Unidos. Imaginate que si por el petróleo, que es otra de esas industrias, arman una guerra y matan inocentes, no nos va a resultar tan fácil desplazar a la del cine. Luego de tomar clases impartidas por los maestros Gianni Amelio, Furio Scarpelli, Carlo di Palma, y Roberto Perpignani, entre otros, Spiner regresa a la Argentina para ser asistente de dirección de Carlos Mignogna y profesor en la UBA y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) del Incaa. Desde ese momento hasta la actualidad comandó distintas producciones cinematográficas y televisivas que le posibilitaron adentrarse en las problemáticas del sector como, por ejemplo, los largos “La Sonámbula” y “Adiós querida luna”, los cortos “Testigos en cadena” y “Balada para un Káiser Carabela”, los documentales “El ángel sin techo” y Angelelli, la palabra viva”, y los programas televisivos “Cosecharás tu siembra” y “Poliladron”. Esta experiencia lo lleva a diagnosticar como uno de los grandes problemas culturales argentinos el colonialismo que sufre su pueblo de parte de las políticas locales para el sector, y la fuerza y persistencia con la que las industrias extranjeras trabajan en el país para imponer sus productos, consolidar sus negocios y defender sus dividendos. “Cómo puede competir una película argentina con una norteamericana, cuando el costo de la argentina es el del lanzamiento (del filme norteamericano) enel país, mientras que los norteamericanos son los dueños de las pantallas, y cuando, además, nuestro público está más habituado a ver películas en inglés que en su propio idioma”, se pregunta y afirma: “Eso es colonialismo cultural”. CH: ¿Cuál fue la experiencia con Aballay? S: Aballay la estrenamos en la fecha que (los dueños de las pantallas) nos indicaron que podíamos. Lo hicimos junto con “Kun fu Panda 2”, “Piratas del caribe”, “X-men”,” Rápido y furioso” y “Transformer”... En Argentina hay por lo menos 1.000 pantallas, estos tipos antes salían con 100 copias, ahora salen con 300... Nosotros estuvimos una semana, salimos en 40 salas. Una lucha para salir tremenda, a la semana nos bajaron de todas. Quedamos en dos salas. Además, de esas 40 salas no nos dieron ni una en Belgrano, ni una multipantalla, ni un Village... así “morís”. Es así, no hay mucha vuelta. Después te dicen que no fue mucha gente. ¡Cómo va ir mucha gente! Spiner se refiere a la difusión que tiene una producción cuando ocupa un lugar central en una sala concurrida: "La verdad es que si no me das los cines a los que va gente, la película no va a funcionar", sostiene y se refiere al "buen horario", y la proyección del trailer... "y eso cuando no pasan las entradas a las películas argentinas como si fueran a las norteamericanas". "Es muy difícil. Tiene que haber una organización muy grande. Yo estoy diciendo estas cosas y el exhibidor que las leas me hace una cruz. ¿¡Cómo podemos vivir una situación así!? Ojalá se olvide de la cruz que me pondrá ahora cuando dentro de tres años vuelva a estrenar una película, ojalá en tres años hayan leyes que me protejan más", espera. "Esta es la situación en la que estamos... pero ante ella tenés dos opciones: o te cagás encima y decís 'sí, señor, sí señor, sí señor, no me mande a los marines' o 'no señor, yo tengo una cultura y una industria que defender'". Spiner (como muchos otros) está enmarcado en esa batalla, y ofrece su éxito y su palabra para sostenerla. Si es por elegir, Spiner prefiere:
Un disco: Duranzo sangrando, de Luis Alberto Spinetta.
Un libro: Luz de agosto, William Faulkner.Una película: Apocalipsis Now. Una comida: Spaghetti al aglio, olio y peperoncino. Una bebida: limonada. Un lugar: Villa Gesell. Un político: Cristina Kirchner. Un medio de comunicación: la radio. Una pasión: el cine. Una frase: “El cine es de los que resistimos sin resentirnos”, de Graciela Borges.
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