Llegó al cine por obra del “destino”. Durante los últimos 20 años lo persiguió un libro escrito durante la última dictadura militar que reflexiona sobre la violencia desde la perspectiva del violento, al que llevó al cine y cuya película resultó elegida para competir en los Oscar. Su mirada sobre la industria argentina, sus potencialidades y limitaciones, merece esta entrevista.
Fernando Spiner es el cineasta del momento. Su último trabajo, “Aballay, el hombre sin miedo” fue el film argentino elegido por la Academia del Cine para representar a la producción nacional en los premios Oscar que se llevarán a cabo este mes, aunque finalmente no ocupará un lugar en la terna de películas extranjeras.
Sin embargo, este hombre nacido en 1958 en Villa Gesell mantiene el alto el orgullo y la satisfacción de haber llevado a la pantalla grande el cuento de Antonio di Benedetto, “uno de nuestros más grandes autores, prácticamente desconocido a nivel popular e idolatrado en los medios literarios”. Una obra que le quitó el sueño durante las dos últimas décadas.
“Es un cuento sobre la violencia que Di Benedetto escribió estando preso. Es sorprendente como, atravesado por la violencia del terrorismo de Estado, escribe un cuento en el que se coloca en el lugar del violento y reflexiona acerca de cuanto el violento padece y sufre su propia violencia. Increíble. Hace 20 años que estoy con esto.”
Egresado del Centro Sperimentale di Cinematografía de Roma, en donde se anotó en su curso de ingreso durante un viaje que realizó por Europa a los 19 años, y tras desembocar en la estación de subte romano Cinecitta, en medio de un paseo por la ex capital imperial, Spiner es el responsable de grandes producciones, que lo llevaron a tomarle el puso a la industria local.
Chamuyo: ¿Cuáles son las problemáticas del cine argentino?
Spiner: Hacer una película es una empresa bastante compleja. Yo me considero un privilegiado. En Argentina tenemos la suerte de tener el Incaa, que es un ente con una base profundamente democrática, cuyas bases y concursos son custodiados por gente del medio, y que se autofinancia a través de impuestos al propio cine.
La gran problemática del cine argentino tiene que ver con la exhibición y la distribución, porque no nos olvidemos que el cine argentino, que fue una gran industria en los años 50, que exportaba cine a toda Latinoamérica, fue destruída por la dictadura, dándole lugar a la industria norteamericana.
Hoy, el cine norteamericano copa el mundo. Es donde se puede ver el imperialismo más claramente. Es una de las industrias que más dinero le genera a los Estados Unidos. Imaginate que si por el petróleo, que es otra de esas industrias, arman una guerra y matan inocentes, no nos va a resultar tan fácil desplazar a la del cine.
Luego de tomar clases impartidas por los maestros Gianni Amelio, Furio Scarpelli, Carlo di Palma, y Roberto Perpignani, entre otros, Spiner regresa a la Argentina para ser asistente de dirección de Carlos Mignogna y profesor en la UBA y en la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) del Incaa.
Desde ese momento hasta la actualidad comandó distintas producciones cinematográficas y televisivas que le posibilitaron adentrarse en las problemáticas del sector como, por ejemplo, los largos “La Sonámbula” y “Adiós querida luna”, los cortos “Testigos en cadena” y “Balada para un Káiser Carabela”, los documentales “El ángel sin techo” y Angelelli, la palabra viva”, y los programas televisivos “Cosecharás tu siembra” y “Poliladron”.
Esta experiencia lo lleva a diagnosticar como uno de los grandes problemas culturales argentinos el colonialismo que sufre su pueblo de parte de las políticas locales para el sector, y la fuerza y persistencia con la que las industrias extranjeras trabajan en el país para imponer sus productos, consolidar sus negocios y defender sus dividendos.
“Cómo puede competir una película argentina con una norteamericana, cuando el costo de la argentina es el del lanzamiento (del filme norteamericano) enel país, mientras que los norteamericanos son los dueños de las pantallas, y cuando, además, nuestro público está más habituado a ver películas en inglés que en su propio idioma”, se pregunta y afirma: “Eso es colonialismo cultural”.
CH: ¿Cuál fue la experiencia con Aballay?
S: Aballay la estrenamos en la fecha que (los dueños de las pantallas) nos indicaron que podíamos. Lo hicimos junto con “Kun fu Panda 2”, “Piratas del caribe”, “X-men”,” Rápido y furioso” y “Transformer”... En Argentina hay por lo menos 1.000 pantallas, estos tipos antes salían con 100 copias, ahora salen con 300...
Nosotros estuvimos una semana, salimos en 40 salas. Una lucha para salir tremenda, a la semana nos bajaron de todas. Quedamos en dos salas. Además, de esas 40 salas no nos dieron ni una en Belgrano, ni una multipantalla, ni un Village... así “morís”. Es así, no hay mucha vuelta. Después te dicen que no fue mucha gente. ¡Cómo va ir mucha gente!
Spiner se refiere a la difusión que tiene una producción cuando ocupa un lugar central en una sala concurrida: "La verdad es que si no me das los cines a los que va gente, la película no va a funcionar", sostiene y se refiere al "buen horario", y la proyección del trailer... "y eso cuando no pasan las entradas a las películas argentinas como si fueran a las norteamericanas".
"Es muy difícil. Tiene que haber una organización muy grande. Yo estoy diciendo estas cosas y el exhibidor que las leas me hace una cruz. ¿¡Cómo podemos vivir una situación así!? Ojalá se olvide de la cruz que me pondrá ahora cuando dentro de tres años vuelva a estrenar una película, ojalá en tres años hayan leyes que me protejan más", espera.
"Esta es la situación en la que estamos... pero ante ella tenés dos opciones: o te cagás encima y decís 'sí, señor, sí señor, sí señor, no me mande a los marines' o 'no señor, yo tengo una cultura y una industria que defender'". Spiner (como muchos otros) está enmarcado en esa batalla, y ofrece su éxito y su palabra para sostenerla.
Si es por elegir, Spiner prefiere:
Una película: Apocalipsis Now.
Una comida: Spaghetti al aglio, olio y peperoncino.
Una bebida: limonada.
Un lugar: Villa Gesell.
Un político: Cristina Kirchner.
Un medio de comunicación: la radio.
Una pasión: el cine.
Una frase: “El cine es de los que resistimos sin resentirnos”, de Graciela Borges.







